No me puedo creer que ha pasado casi un año y aun no os conté la segunda parte de mi parto en casa… la mejor parte.(ver primera parte)
Fue cuando lo tuve entre mis brazos que todo el dolor desapareció y tomó forma de alegría. ¡Lo había conseguido! un parto corto, en casa, rodeada de los míos, con amor y respeto. Estaba viviendo un sueño.
Con Óliver en brazos por primera vez, Chiara y Rodrigo me envolvieron en toallas y me acompañaron al comedor (si, si, caminando) donde me esperaba una piscina de partos llena de agua calentita.
Fue ahí donde levanté la pierna para entrar y ¡alumbré! la placenta cayó al agua y Chiara la pescó. Fácil y rápido, una pequeña y preciosa placenta.
Me acomodé en una especie de taburete que tiene la piscina de partos y allí nos quedamos un buen rato conociéndonos. Enamorándonos.
El cordón aún latía y lo podíamos comprobar tocándolo, y Óliver seguía conectado a la placenta recibiendo sus últimos nutrientes antes de empezar a recibirlos de mi pecho. Las nenas flipaban en colores.
Fue un momento muy intenso, de alegría, de felicidad, y de fiesta.
Sofía no podía creerlo y se acercaba a tocarlo y mirarlo. Era un sueño hecho realidad. Nunca había sido tan feliz, y nunca me había imaginado un parto así.
A juzgar por la cara de Vicky, ella tampoco 😉
Esta no es mi mejor foto, pero se ve que yo estaba feliz, y hasta con color en la cara.
Mis comadronas, Roser y Chiara, siempre atentas a todo, simpáticas, alegres. Estoy tan feliz de haberlas tenido a mi lado.
Hacíamos bromas y todo era felicidad.
Y dicha.
Y amor.
Rodrigo cogió a Oli en brazos para hacer piel con piel y que yo pudiera ver con las comadronas como me habían quedado los bajos.
Me acosté en el sofá, abrí las piernas… y voilà! solo un pequeño desgarro que se saldó sin puntos (pero con 4 días de piernas cerradas). Y habiendo nacido de cara es casi un milagro.
Esos momentos increíbles con mis hijas, mi madre y mi bebé recién salido de mi cuerpo.
Óliver se enganchó al pecho perfectamente.
Las comadronas me hicieron el famoso batido de placenta: una cucharadita pequeña de placenta y muchísimas frutas. OK, parece un asco, pero la verdad que solo sabe a frutas.
Y aunque es una pena que haya acabado este post casi un año después de parir y haya perdido algunos recuerdos, siento esa felicidad intensa como si hubiera sido ayer.
Gracias a mis guardianas del parto Chiara y Roser, a mi marido y compañero Rodrigo, a mi madre siempre respetuosa de mis decisiones, a mis hijas, a mi suegra y a su marido. Gracias por haberme acompañado en ese viaje que resultó ser el mejor día de mi vida.
Ah! y si, QUIE-RO-RE-PE-TIR 🙂
Por último os dejo con el podcast dode lo cuento todo:








































