Las diferencias entre un bebé de diez meses y uno de quince son tan grandes, que si uno alcanza un avance en una u otra edad nos llama mucho la atención. Cualquier atisbo de precocidad nos colma de orgullo, y cualquier indicio de atraso nos llena de angustia. Pero, ¿podemos observar diferencias entre una persona de 26 y otra de 27 años? ¿Le servirá o cambiará en algo el futuro a nuestro hijo haber caminado dos meses antes o después que otros niños?
La edad en que los bebés alcanzan los distintos logros en su desarrollo es muy variable. Muchos dicen «papá» y «mamá» (sabiendo lo que dicen) antes de cumplir el año, pero otros no lo hacen hasta los 16 meses.
Hay bebés que, por su parte, señalan con su dedito antes de los nueve meses, mientras que otros no lo logran hasta los 16. Y así en adelante, con las distintas destrezas ocurre igual: señalar partes del cuerpo (¿dónde está tu nariz», por ejemplo), poco después del año, o armar una torre de cuatro cubos y bajar algún escalón, antes del año y medio, o decir dos palabras juntas con sentido antes de los 20 meses, en tanto que hay niños que no hacen ninguna de estas cosas hasta los 24 meses.
Algunos pequeños se visten (en parte) y usan la pelela/orinal antes de los dos años, pero muchos no lo hacen hasta entrados los tres años (o más). Unos usan pronombres («yo», «él»), mientras que otros esperan a los tres años para hacerlo. Y de la misma forma ocurre con cada paso en el desarrollo infantil. Todas estas variaciones son normales y no indican que el niño sea más ni menos inteligente, ni permiten predecir si sacará buenas notas en el colegio o será un gran atleta en el futuro.
Aunque los tiempos pueden variar, la mayoría de las etapas pasan en los niños sanos. Tarde o temprano todos se sientan, caminan, hablan… aunque no todos gatean. Algunos toman la costumbre de desplazarse sentados, haciendo palanca con las piernas, otros reptan, e incluso hay quienes saltan este paso para pasar directamente de sentarse a estar de pie. Es totalmente normal cada una de estas variantes, y no hay que obligarles a hacerlo en otra forma. Los pequeños que se desplazan sentados y no gatean tienen la tendencia a empezar a caminar más tarde, hacia el año y medio; pero no hay que preocuparse por esto: caminarán igual, y a los tres años no hay forma de distinguirlos.
Déle a su hijo el tiempo que necesita para desarrollarse con tranquilidad. Si su pediatra no nota nada anormal en su crecimiento, no hay que temer o desvalorizar por una mayor demora en adquirir una capacidad que igual llegará, sin dificultades, a su debido tiempo.
Fuente: buenvivir.org

