Cuando estaba embarazada de mi hija mayor, tenía solo 22 años, y los comentarios de la gente no tardaron en llegar .La mayoría, tras soltar alguna burrada, reflexionaba y comentaba «-Bueno, lo positivo de ‘esto’ es que cuando el bebé crezca, ustedes seguirán siendo jóvenes y podrán hacer vuestra vida«.
Y claro, yo era jóven, inexperta (en la vida), ingenua, y me lo creía. Incluso estaba segura de que no tendría hijos más allá de los 30, por eso de tenerlos bien jóven y después «disfrutar de la vida«, como si los hijos no te dieran vida, como si la familia no se disfrutara, como si fuera un martirio o un trabajo de 8 a 5 del cual te jubilas un día y te olvidas de todo.
Mi segunda hija, Sofía, fue un poco más planeada, y nació casi 6 años después, con una mamá a punto de cumplir 29 años.
Los años pasaban y a pesar de que yo sabía con fervor que quería más hijos, no veía la posibilidad. Y el tiempo seguía pasando… hasta que en diciembre pasado cumplí 35 años, edad en la cual dicen los que saben, que las mujeres empiezan a perder fertilidad, a envejecer… y aunque yo me siento (y creo que me veo) mucho más joven, los años que tengo vividos son los que son y están ahí, en mis dolores de articulaciones, en mis achaques, en mi madurez.
Con 35 años vi cumplir 12 a mi hija mayor, una niña alta y grande, que me lleva ya más de 10 centímetros, que hasta hace dos días era mi bebé, que ya no ríe tanto, que sale sola de casa, que crece muy rápido.
Entonces recordé esas palabras «podrás hacer tu vida» , y me di cuenta que mi vida es ésta, que mi vida es ser madre, que mi vida son mis hijas, mi familia, que me encanta esto, que no conozco otra cosa, que cuando se van con mi suegra un par de días sufro sin ellas, que me gusta, me gusta.
Y caí: las canciones, risas, juguetes de colores, caras de sorpresa, lo más puro de la vida, se está yendo a medida que mis hijas crecen, y me niego, no quiero despedirme tan rápido de todo esto, no quiero que pase, no quiero, no, me niego.
Y entre que la vida pasa rápido, que los problemas del día a día te alejan de los sueños, que mis hijas crecen a pasos agigantados, y que yo sigo cumpliendo años, decidí tener otro hijo, porque quiero seguir soñando abrazada a un bebé de noche, porque quiero aferrarme con todas mis fuerzas a mi maternidad, y de momento, no dejarla ir, no me siento preparada.
Me gusta ser yo con ellas, sin ellas me pierdo.
Bienvenido garbancito, espero que hayas llegado para quedarte.
*Aclaración: por si mi post suena algo egoísta, quiero aclarar que una vez decidido, hubo consenso con el resto de la familia y todos estuvieron de acuerdo y muy felices 😉
Aclaración nº2: Cuando cuento que mis hijas pasan un par de días con mi suegra, no es que ella me las críe, como leí a alguien decir por ahí, sino que nosotros, ambos inmigrantes, pasamos los primeros 11 años como padres totalmente solos en España, hasta que mi suegra vino hace un año a vivir cerca nuestro. Tras tantos años separadas, ahora disfrutan recuperar el tiempo perdido y les encanta irse algún fin de semana a su casa a dormir, salir, que las mime, las malcríe y haga lo que hacen las abuelas. Yo las echo mucho de menos pero me pone muy feliz que estén juntas, y pronto espero tener cerca a mi mamá para que también pueda disfrutar de sus únicas nietas.


