Aun recuerdo cuando fui a la primera visita con la comadrona en el embarazo de mi hija mayor. Ella me preguntó «¿es un embarazo deseado o no?», y me quedé un poco parada. Si bien es cierto que mis circunstancias no eran las mejores (22 años, recién emigrada, recién casada, sin seguridad a nivel material, etc) nunca pensé que un hijo no buscado podía ser un hijo no deseado. Ingenuamente dije que no, que no era buscado, pero ¿deseado?, siempre me quedé con ganas de decirle a esa mujer que mi hija era la más deseada, mi ilusión, mi motor, mi flor encontrada en medio del desierto. No, no la buscamos, pero la deseamos tanto!
Mi siguiente duda fue ¿por qué me hacía esas preguntas tan personales e íntimas ?¿acaso se quieres menos a un hijo por no haber buscado el embarazo?¿acaso se cuida uno menos por estar embarazada sin haberlo esperado? ¿afecta de alguna forma a los procedimientos y seguimiento médico? me hacían sentir como si fuera una niña de 15 años que la dejaron embarazada tras una noche de juerga. Incluso así, creo que es imprescindible el respeto por parte del personal sanitario es situaciones delicadas.
Casi 12 años después, aun sigo recordando ese día con ganas de volver atrás y decirle que es la niña más deseada y amada del mundo, que nunca la buscamos, como las mejores cosas de la vida, que llegan así, sin avisar.


