
Aunque en este terreno hay opiniones encontradas, el hecho de que casi todas las madres prefieran que los niños usen chupete a que se chupen el dedo, así como que -con materiales distintos- hayan existido en todas las culturas y tiempos, abogaría a su favor.
Esto último, el riesgo de que el dedo, y en menor grado también el chupete, deformen la boca, son el único peligro real de un hábito que, por lo demás, no ocasiona problemas serios. Pero incluso éste, que en el peor de los casos puede solucionarse con la ayuda del ortodoncista, sólo aparecerá cuando la costumbre persista más allá de los 4 ó 5 años, porque cualquier deformidad causada por ellos se corrige espontáneamente con el crecimiento si el niño deja de usar el chupete o de chuparse el dedo a una edad razonable.
De este modo, la decisión podría dejarse al bebé, sin acostumbrarle innecesariamente al chupete sólo por el miedo a que prefiera el dedo, pero dándoselo sin reparos si encuentra mayor sosiego en él.
De todas formas, durante los primeros días es mejor no ponerles chupete, especialmente si maman, para que no sacien con él su necesidad de chupar y luego tengan menos interés en comer, pero sobre todo, porque el chupete les puede confundir, igual que la tetina del biberón, cuando están aprendiendo a mamar.
A partir de las dos semanas, ya no hay inconveniente en que usen chupete. Los hay de tres tamaños; entre los más pequeños, los que tienen forma de gota parecen muy adecuados para los primeros meses, pero entre redondo, simétrico o anatómico, el mejor será el que más le guste al bebé.

