Fue la fiesta de mi hija Victoria, que cumplía 10 años, y le preparé un Tea Party con amigas. Todo era muy cuco, muy mono, pero las velas para el pastel no me gustaban nada de nada, y decidí cambiarles la cara con un poco de purpurina dorada que me había quedado de las navidades y algo de esmalte brillante. Quedó buenísima!


